Poner su nombre a las estrellas. O no.

Internet ya ofrece la posibilidad de nombre (y expide documentación acreditativa) estrellas o grupos de astros.

Poner su nombre a las estrellas parece una oportunidad para realizar homenajes a personas queridas que sin embargo no tiene base sólida para la comunidad científica.

Si alguna vez en su vida ha visto el clásico del séptimo arte Ben Hur – si no lo ha hecho es usted un caso insólito – hay cuatro nombres que a buen seguro pudo retener: Aldebarán, Antares, Rigel y Altair. 4 estrellas con las que el jeque Seik Ilderim (Hugh Griffith) había puesto nombre a otros tantos fantásticos corceles que en las manos de Judá Ben Hur (Charlton Henson) se tornaban auténticos fuerabordas en la deliciosa cinta de William Wyler. Sólo escuchar la cantinela de melódicos nombres le evoca a uno el sabor añejo de aquellos doblajes de terciopelo.

Hoy internet ofrece cambiar las tornas y hacer que los seres humanos pongan sus nombres a estrellas y constelaciones acercando la impronta de los astros a nuestros homenajes cotidianos. El anuncio – literal – viene a ser así :“Este año, inmortaliza el nombre de un ser querido otorgándoselo a una estrella en el Registro Global de Estrellas”. Y, para qué engañarnos, se antoja un homenaje por todo lo alto a la persona amada.

La cosa no queda en el nombre ya que – ante la supina dificultad de traer el astro al salón de casa (problemas de logística mayormente) – se ofertan pequeños elementos físicos en su sustitución :“Recibirás un paquete único con un colgante grabado con la constelación de tu estrella y sus coordenadas exactas” Y aquí puedes escoger entre un collar o un llavero; a quién no le maravilla la posibilidad de, en mitad de una conversación tediosa en las cenas de navidad, enseñar las llaves del coche, de la casa de la playa y de la estrella que tengo con mi nombre en la constelación deee.. pongamos Aquario. De aceptar la propuesta económica – desde los 73 euros del Paquete Estelar Standard a los 139 del Paquete Estelar Osa Mayor – también obtendrás un certificado firmado que confirma el nombre y las coordenadas astronómicas de tu estrella. El paquete contiene además un mapa estelar que muestra la ubicación de tu estrella y varias herramientas para localizarla en el cielo (cuando la conversación sobre las llaves se desarrolle al descubierto). Ojo, si no estás satisfecho puedes devolver la compra en los 30 días siguientes a su recepción. Pero, ¿quién en su sano juicio devolvería una estrella con su nombre?

Con los pies en la Tierra

La realidad, sin embargo, es mucho más mundana. La Unión Astronómica Internacional ha tenido que tomar cartas en el asunto y salir al paso para aclarar que ninguna empresa privada está facultada para poner su nombre a las estrellas. Tampoco la NASA, ni la agencia espacial de ningún país, con las que algunas de estas empresas alegan estar relacionadas, tiene esas atribuciones. Y es que según la normativa, los astros no pueden nombres de personas a excepción de los ya históricos y sólo se emplean números o referencias de catálogo para su identificación. Para poner su nombre a las estrellas debe haber descubierto un cometa o un asteroide; cosa poco habitual para los profanos en la materia. “Vender nombres de estrellas” dice la Unión Astronómica Internacional, puede compararse a “vender parcelas en la Luna”, que hace años también estuvo de moda.

La comunidad científica alerta además que este tipo de empresa puede llegar a vender varias veces el nombre del mismo astro a distintas personas y que siempre se asignan estrellas lejanas y difíciles de ver con el telescópico para emboscar la estafa.

De este modo tendremos que volver a la situación de partida: poner nombres de estrellas a los habitantes de la tierra y sus mascotas porque, ¿quién no se ha encontrado con un perro por nombre Aldebarán? Muy amigo del gato Antares, por cierto..