Y tu, ¿qué cruz llevas a cuestas?

Ser conscientes de los elementos que nos limitan o condicionan nos puede ayudar a convivir con ellos y alcanzar una vida más plena.

Con independencia de las creencias religiosas, y más en estas fechas de Semana Santa, debemos ser capaces de advertir qué cosas o situaciones alteran nuestra cotidianeidad. Si los problemas con alguien de nuestra familia, si una situación en el trabajo o elementos económicos de mayor o menor calado no nos dejan conciliar el sueño, ésa es nuestra cruz.

Para los psicólogos, el primer objetivo es reconocer de dónde parten nuestras preocupaciones y una época como ésta, de penitencia, recogimiento y paz para los cristianos y de descanso y relax para los que no siguen las procesiones, nos puede servir para detectar aquellos elementos que nos limitan. Porque es cierto que las preocupaciones se quedan al fondo, estancadas y estancando nuestro estado de ánimo y nos impiden disfrutar de las pequeñas grandes victorias cotidianas. Economía, familia, salud y trabajo suelen ser las áreas principales de conflicto.

La familia, fuente habitual de alegrías es también una de los mayores surtidores de preocupaciones. De las que golpean más fuerte puesto que los problemas se puede extender tanto tiempo como toda una vida. Los conflictos familiares pueden llegar a pesar como una losa durante décadas ¿Cómo atajarlos? Poner tierra de por medio o negar incluso el saludo son soluciones clásicas y sin embargo habituales. Afrontar los problemas de cara, hablarlos en el seno de la familia puede llevarnos a una solución. Y decimos puede porque, seamos realistas, en muchas ocasiones el enfrentamiento es tan visceral que hacer salir a las partes de sus trincheras es casi imposible.

La cruz de la salud es una de las más complejas de sobrellevar puesto que en nuestras manos apenas está el estado de ánimo, nuestro y de aquellos que nos rodean. El resto, corre a cargo de los médicos. No desesperar, bregar y luchar son las únicas herramientas a nuestra disposición. Todos los casos son diferentes; y a eso nos aferraremos.

La económica, habitual es estos tiempos, y las del trabajo, otra de las Top Ventas en preocupaciones, van en muchas ocasiones de la mano. Son de las cruces que más noches en vela tienen anotadas a sus espaldas, de las que más ahogan y hacen padecer pero también son aquellas de las que poder aprender. Formación, oportunidad y suerte componen una combinación con más posibilidades de traernos fortuna que el Cuponazo… y sin embargo, el Cuponazo cuenta con más adeptos. No caer en la desesperación, ser proactivo (palabra moderna para decir que hay que estar dispuesto y proponer todo lo que se nos ocurra) y echar mano – aquí sí – de todos nuestros contactos sean familiares, amigos o conocidos, pueden ponernos en camino a una solución.

Sea cual sea tu cruz, identifica y acótala. Podrás vivir con ella y limitar el efecto sobre tu vida. Como cantaban los Monty Pyton en aquella inolvidable “La Vida de Brian” amarrados las cruces, “siempre mira la cara buena de la vida”.