Superhéroes ¿Para qué les necesitamos?

En la edad de oro de la tecnología y la ciencia, series, libros y películas nos remiten a superhéroes de poderes mágicos que desafían toda lógica y acumulan millones de seguidores ¿Quién les ha llamado?

No hace falta que los recite de memoria: Superman, Spiderman, Batman, Ironman, Catwoman (oh, una mujer) y decenas de superhéroes y superheroínas se arremolinan en torno a la televisión, el cine o en menor medida libros y cómics para tomar el protagonismo de los nuevos canales de pago. Dos gigantes se erigen como plenipoteciarios – Marvel y DC Cómics – engullendo un pastel de proporciones siderales del último lustro en el que cada vez hay mayor número de encuentros, patrullas y batalles siderales por el bien de una humanidad que aparece en sus historias como convidada de piedra a un festín entre ellos y sus némesis (sean éstas malvados terrícolas con ínfulas de dominar el mundo o alienígenas en busca de nuevos planetas). Pero, ¿Por qué? ¿Por qué los necesitamos? ¿Y para qué?

Sin ánimo de indignar a sus legiones de seguidores para los que tantas y tantas horas de entretenimiento deparan, ¿qué necesidad tenemos de esos hombres y mujeres de horribles capas y antifaces (que a nadie engañan, por cierto) y cuyas disputas se libran en centros urbanos entre grandes destrozos? Yo no sé vosotros, pero en medio de una batalla entre Godzilla y, pongamos por ejemplo Superman (¿Dónde vas loco…Superman con Godzila?) lo primero que piensa mi alma de padreescoba es cómo demonios recogerán las toneladas de escombros que dejan en plena calle. Nunca falta un taxi/s destrozado por las ventanas de las oficinas desde donde la gente trata de asimilar qué está sucediendo o los que corren entre las piernas del gigante (siempre en la misma dirección que éste sigue) y son testigos privilegiados de la rotura de las tomas de agua para los bomberos. Y así entre los surtidores de agua en plena calle, las alarmas de los coches desatadas y las oficinas con respiradero directo a la vía urbana sigue la batalla en la que si alguno de los protagonistas cae al asfalto será entre un enorme estropicio ¡Qué barbaridad! Cómo no sale una madre como dios manda – una madre madre – y los coge por las orejas obligando a recoger todo lo que han roto y a hacer callar con carantoñas a los bebés que, lógicamente, han perdido el gusto por la siesta que estaban experimentando.

Quizá es por todo aquello de que nos atrae lo que no tenemos, o porque con una capa y espada – ojo, que el Zorro ya las llevaba pero de una forma más modesta (y limpia) – somos capaces de cualquier cosa. O por lo que se ahorran en vuelos ¿Y ese afán por volar? ¿Habrá un superhéroe con vértigo que no quiera despegarse del suelo? O vaya usted a saber. Será que esas proyecciones de nuestro yo mismo libres de ataduras y con capacidades especiales nos consiguen sacar del día a día y… de la limpieza del hogar. A ellos la sangre no le estropea las ropas y los golpes solo les anima a proseguir con su afán de justicia.

Lo cierto y fijo es que la plaga no para de crecer añadiendo más y más personajes a cuál más singular. No les falta una infancia y adolescencia difíciles marcadas por no se qué trauma y unas ganas de hacer el bien adquiridas tras un tormentoso proceso de aprendizaje. Y sigue la rueda…

Os dejo, acabo de pensar un argumento para ManchegoMen… a ver si de esta me forro.

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