La Pasión de una semana

Arranca la Semana Santa y con ella los excesos con los jugos gástricos, con el coche, las horas de pié o el sol.

Equidistante entre Navidad y verano la Semana Santa constituye un oasis en el calendario laboral siempre bien recibido. Con independencia de la fe de cada cual los, como mínimo, 4 días de reposo son bien recibidos y exprimidos como si de una fruta madura se tratara. 4 días de excesos.

semana santa

Porque hay a quienes el pistoletazo de salida de las vacaciones de Semana Santa ya pilla en el coche camino de la playa y que sólo retornarán a casa cuando caiga el sol en el cuarto día de descanso. Ríete tu de las exprimidoras eléctricas. Estos le sacan todo el jugo a los días de descanso. Luego ya está que crean o no, que comulguen o sientan veneración por tal o cual talla o que maldigan en todos los idiomas si la lluvia obliga a suspender la procesión de su cofradía.

Pero, no nos engañemos, hay más españolitos pensando en donde colocar la sombrilla estos días que en buscar una silla en la calle para seguir el paso de los nazarenos. Pero en ambos casos no suele caber un alfiler. Sucede, casi como con las grandes marcas, que las ciudades con una Semana Santa más renombrada (Sevilla, Valladolid, León, Málaga, Córdoba, Cartagena, etc) experimentan un lleno hasta la bandera. No hay calle bajo las sillas. No queda apenas espacio entre los pasos, los nazarenos y el público asistente. Todo es una masa que se confunde y añade. El resto de procesiones del país discurren, sí, pero lejos del masivo foco mediático y del lleno en hoteles, pensiones y pisos de alquiler. Sus adeptos esperan pacientes en las aceras y reconocen a lo lejos a amigos y familiares cubiertos por el caperuzo únicamente por los andares.

En el otro lado de la balanza – también saturada – se encuentran las zonas costeras. Con una Semana Santa como ésta, tan atrás en el calendario que ha alcanzado la mitad de abril, la playa se pone hasta la bandera. Las carreteras – arterias bombeando turistas de dentro a fuera de la piel de toro – experimentan colapsos que a veces se convierten en auténticos tapones por más que todos sepan (y sepamos) que todo el mundo va a salir al mismo tiempo. Tráfico prevé 14,8 millones de desplazamientos este año, 300 mil más que en 2016. Y ya no es sólo Benidorm el receptor de visitantes sino que el caudal riega prácticamente toda el área costera, especialmente la valenciana, y también deja bastante en el llamado turismo rural aunque las fechas de este año hagan pensar más en playa que en su némesis rocosa.

La Semana de Pasión es todo Pasión en una semana. Pasión por los pasos y las procesiones, pasión por los atascos, por coger sitio ya sea en la arena o en la acera. Pasión por las horas al sol – que dejarán el lunes de pascua una buena cantidad de quemados – y por la gastronomía. Porque la Semana Santa cuenta con sus propias viandas. Platos que, afortunadamente, han ido quedando en el recetario familiar y comunitario y que se resisten a desaparecer.

Los hay que sin miramiento alguno y orgullosos de sus tradiciones familiares no acaban de poner pie/bandera/maletas en la playa y ya se están pegando el atracón a torrijas de la abuela. Tipiquísimas de Semana Santa. No habrá pasos, habremos huído de las procesiones y los nazarenos, pero no perdonamos unas torrijas así se caiga el mundo. Con el jugo que queda al final del táper que concienzudamente ha dejado la abuela en la nevera. Unas torrijas, unos buñuelos de viento, un potaje de rellenos, unos dulces del pueblo… es la otra pasión. La que mezcla esos dulces con una señora paella al borde del mar o un asado de media manada de búfalos tierra adentro. Es la otra pasión, la gastronómica. Sirve de punto de unión entre los que se quedaron y los que se fueron o los que acudieron a la Semana Santa turística. Una pasión que también tiene su santo venerado. Se llama Almax Forte y se vende a capazos en estos días.