Qué pedirle a 2018

Casi sin darnos cuenta ya hemos mordisqueado el primero de los doce capítulos del nuevo año. Y la vorágine de acontecimientos,idas y venidas, nos ha imposibilitado centrarnos realmente en qué queremos para este curso ¿Qué le pedimos al 2018?

Lo primero – como dice la canción- salud, dinero y amor. Ojo, que el dinero va antes que el amor… A lo mejor los compositores de la popular rima no pasaban por su mejor momento sentimental. O, a lo mejor, pensaban que con el riñón a buen recaudo ya llegarán los besos y las caricias sinceros. Quien sabe.

Lo cierto y fijo es que lo primero es la salud y ahí el acuerdo es unánime. Que 2018 nos traiga alegrías sanitarias o, cuando menos, que nos deje como estamos. Porque el tópico se cumple y no nos acordamos de la salud más que cuando empeora. Nada ni nadie más gratificante que un diagnóstico favorable a nuestros intereses y unos médicos a los que sólo ver con un triste catarro entre las manos. Definitivamente pedimos salud, salud a toneladas para nosotros y los que nos rodean.

¿Y qué hay del dinero? Pues el dinero claro está, ayuda. Salvo contadas excepciones agujeros hay por doquier y también viene bien una buena argamasa para taparlos ¿Pedimos ser millonarios? Puestos a pedir, que dice la canción, que no falte de ná. Pero es complicado – seamos realistas – que de la noche a la mañana la cuenta bancaria multiplique los ceros. Un premio gordo de la lotería o una fabulosa herencia de origen desconocido son tan difíciles de ver como… son muy muy difíciles de ver. Para qué engañarnos. Un pellizquito de fortuna pedimos; una subida de sueldo, alguna extra despistada que caiga en el banco, una oferta laboral atractiva. Y si ya está jubilado/a pues que el gobierno de turno no juegue al gato y al ratón con los cambios para el año que viene. Con el dinero se agradece una mejora, si se pudiera sustancial pero no se espera un cambio de la noche a la mañana (el gordo de la Navidad y el cuponazo no caen son “el” y no “los” porque no se reparten entre todos los que juegan).

En el amor todo depende de la edad y las ganas que uno le ponga. Nuestras necesidades de amar y ser amados evolucionan con los años y si bien al principio privilegiamos la morosidad y la intensidad de los sentimientos el tiempo nos hace valorar la estabilidad y el cariño. Sentirnos amados y respetados es, junto con la confianza en la pareja, los más deseado. Ponga cada uno en su casillero lo que busque en función de su evolución personal. Para los que no tengan compañía estable que encuentren lo que busquen, sea eso o todo lo contrario pues a lo mejor ya disfrutamos más la soledad.

Queremos un gran año para nosotros y lo que nos rodean pero,viendo las cosas con perspectiva, parece que no estamos tan mal. Que mejores en lo que se pueda pero – como reza el dicho – quizá mejor sea aquello de “virgencica, virgencica que me quedé como estoy”. O mejor…