La televisión que ya está aquí

Más fragmentación en las audiencias, más reparto en los ingresos y mayor atención a los fenómenos vírales serán las líneas principales de la nueva vida de la tele.

La programación televisiva en abierto, tal y como la conocemos, se resiste a morir. Pero cada vez le cuesta más. En un país sumido en el monopolio de la tele pública hasta el 89 los hechos no han hecho sino sucederse desde entonces a un ritmo vertiginoso.

Primero llegaron Antena 3, Tele 5 y Canal + junto a las autonómicas. Luego, las nuevas regulaciones de la TDT que convierten cualquier amable sintonización de la caja tonta familiar en un sin vivir de canales ¿Queremos el Canal Solidario? ¿Qué hago con la Ten? ¿Dónde pongo el Boing? ¿Y qué hacemos con la del Madrid? El consejo de administración familiar decide en pleno…mientras aguanta la paciencia del que se ha puesto ante tal hercúlea tarea.

Las nuevas reglas del juego

Los índices de audiencias que regían la antigua tele ahora no valen absolutamente de nada. Hemos pasado de la Televisión de la 1 con audiencia absolutísima a barómetros que han ido saltando del 39% de máximo al 24%, al 18% y – ahora mismo – a un 12%. Hacer un 12 ahora mismo es un buen resultado cuando hasta hace muy poco era sinónimo de echar la persiana al programa o serie en cuestión. Echarla de inmediato.

Y es que, como ha sucedido prácticamente en todos los órdenes de la vida cotidiana, el tsunami de internet también ha revolucionado la tele. Audiencias más concretas que pagan por una tele que consumen cuando quieren ya lo habíamos visto con Canal+ aunque fuera no fuera en sus primeros años. Pero el desembarco grueso experimentado en los últimos dos años con HBO y Netflix como principales estiletes ha terminado por romper la baraja. Su publicidad más agresiva, su enorme poderío en redes sociales, la facilidad en el acceso (sin los instaladores que antes te levantaban medio salón) y – por qué negarlo – la potencia y calidad de su catálogo han cambiado las reglas.

La tele que va más allá del entretenimiento

Sucede que los canales de pago se han convertido en elementos de culto, algo de lo que presumir y que comentar con los amigos, algo que excede el simple contenido televisivo. Tanto es así que no todo el mundo ve – y casi es imposible ver – todo su catálogo. Pero se sienten orgullosos de tenerlo en sus dispositivos. Especialmente en la franja de edad que va de los 18 a los 45 años, la más golosa para los publicitarios. Un dato: una serie de culto como Narcos (rodeada por una campaña publicitaria en España de gran impacto) es seguida por 27 millones de los más de 100 millones de suscriptores con lo que cuenta Netflix ¿Qué sucede con los demás? Es una cifra muy baja para la gran repercusión mediática del fenómeno a nivel mundial. Es la tele de culto.

El papel de las redes sociales para ampliar el foco de las series por internet ha sido extraordinario. No se podría entender un fenómeno como Juego de Tronos – la primera gran superproducción tras el caso Perdidos – sin los millones y millones de fans alrededor del mundo. Fans que a su vez han creado un nuevo término hasta ahora desconocido para nosotros: el spoiler. Para los no familiarizados con el término el spoiler es la revelación de la trama de un capítulo que aún no hemos podido ver y que literalmente nos revienta la emoción de su visionado. Y se dan desde los spoilers fortuitos – llamémoslos accidentales – y los que vienen a mala idea – con la premisa de fastidiar a los que no han podido ver aún la serie o el episodio en cuestión. Como en toda religión que se precie, ya hay carreras por ser los primeros en todo. A eso añádanle camisetas y productos de merchandising varios, poner el nombre de los personajes a nuestros hijos (¡..!) o tatuajes con frases de la serie repartidos por nuestro cuerpo. En todo esto, Star Wars (la Guerra de las Galaxias) ha sido el espejo en que las nuevas series se han mirado sin complejos generando su propio universo y sus extraordinarias ventas en productos derivados.

A dónde va la tele

Eso quisieran saber muchos ejecutivos de televisión que, sin embargo, pueden presumir de que pese a todos la facturación de las privadas (únicas en abierto, recordemos) sigue siendo formidable. Lo cierto es que el horizonte sigue detallando una tele más y más fragmentada, con productos muy individualizados – muy centrados en el espectador – donde rebuscar en las ganas de vivir otras vidas, y con cada vez más productos derivados. Un 12% de share de hoy será una utopía en 5 años. Lo veremos.