La soledad del Troll

¿Por qué odiar? ¿para qué crear perfiles desde los que atacar o acusar a famosos o a personas del entorno? No son ellos, es que los demás viven demasiado bien.

Tiene que ser duro. Levantarse de buena mañana, enchufar la nespresso, sacar la leche y el zumo de la nevera, desayunar una buena tostada con mantequilla si me apuras con los deportes en la tele, vestirse, peinarse. Y ponerse delante de la pantalla a echar odio por las teclas.

Es el troll, una figura que para muchos se nos había quedado un tanto atrás. Más concretamente en las aventuras de David el gnomo ¿los recuerdan? Eran unos personajes gigantescos, de color gris pardo con barbas y pelo desaliñado alrededor de una enorme nariz – casi de bruja – por la que no paraban de salir mocos. Eran tan malos como estúpidos y siempre acaban perdiendo porque… los buenos tenían que ganar. Desde entonces han pasado décadas de silencio y ahora han vuelto. Sucede que los de ahora tienen las fosas nasales mejor cubiertas pero en lo referente a la saliva continúan con su mala baba. Las redes sociales los han traído de vuelta y, ojo, sus víctimas no sólo son personajes famosos sino también cualquiera de nosotros, especialmente chicos y chicas de instituto algo retraídos a los que atacar impunemente desde la pantalla.

El acoso en datos

El 47% de los usuarios de Internet en Estados Unidos ha sufrido acoso. Un 72% ha sido testigo de este abuso. Las cifras que te dejan completamente anonadado, forman parte del estudio Acoso online y abuso digital del Instituto de Investigación Data Society. Casi la mitad de la población norteamericana en internet acosada es mucho trabajo por parte de nuestros amigos trolls. Amigos que no sólo se centran en personas sino que también se extienden a una segunda vertiente: el acoso en los temas de conversación.

Tomar una posición sobre un tema – protagonizar la defensa de esa posición – y atacar con saña a todo el que asuma la contraria. Ya casi un tercio de los usuarios se autocensura a la hora de poner un mensaje, por miedo a las consecuencias. En febrero de este año el gigante Google anunció que quería “convertir Internet en un espacio más seguro” lanzando Perspective, una herramienta que utiliza inteligencia artificial para identificar comentarios “tóxicos” en las noticias con el objetivo de que pueden ser revisados y excluidos de la conversación.

Pero, ¿por qué odiar?

Eso pregúnteselo a ellos, que yo soy muy feliz leyendo cosas en internet y compartiendo contenido. La Universidad de Columbia (EE UU) ha investigado en la personalidad de estos acosadores para señalar tres características comunes: narcisismo, maquiavelismo y psicopatía subclínica (sin síntomas evidentes). En España incluso ya se ha creado  la Asociación Nacional de Afectados por Internet y asesoran a las víctimas en esta odisea. Recuerdan desde la institución que el insulto no está amparado por la libertad de opinión ni expresión, y animan a denunciar siempre que se sea objeto de este comportamiento delictivo.

En el fondo – para nuestros amigos los trolls – subyace el deseo de dominar. Dominar, como afición o como deporte, a otras personas a través de los ataques. Ese troll recién desayunado se siente sólo y su única manera de unirse a la comunidad es acosar a alguien esperando su respuesta y luego presumiendo del trabajo realizado ante sus colegas. A ver si un día cambia de zumo.