La extraña mutación del “Anarcoturista”

No sabes de nada, no conoces a nadie y te concedes unos días en un limbo sin responsabilidades. O cómo convertirte en otra persona durante tus vacaciones estivales.

anarcoturista

El virus acentúa su acción al poner en pie en otros países y en los fines de semana para despedir la soltería ¿Una forma de evasión, una excusa para remontarse a los años de instituto o simplemente caradura? La versión más extrema (y próxima) del Anarcoturista se produce en ciudades como Magaluf o Salou durante unas determinadas fechas del calendario. Centenares de jóvenes – no únicamente ingleses aunque sí de forma mayoritaria – convierten la ciudad en un espacio sin ley. Pero no sólo leyes del código civil o penal sino también de la física o el más mínimo sentido común. Durante semanas arreciarán en el telediario imágenes de estúpidos anarcoturistas sin control que alcanzan la muerte después de haber saltado a la piscina por el balcón de su habituación en el cuarto piso del hotel. Otros, se especializaran en correr desnudos por la calle, enfrentarse a la población local, orinar en plena vía, emprender peleas contra porteros, agentes de seguridad, otras nacionalidades… Anarcoturistas a la caza y captura de emociones fuertes.

Dos apuntes: el virus también se propaga entre españoles de despedida de soltero – cada vez son más los establecimientos con cartel en la puerta en la zona de copas de Albacete que les niegan la entrada – o fuera de nuestras fronteras (aunque se hace difícil alcanzar las cotas de los vecinos británicos que cuando se emplean, se emplean a fondo); y el alcohol no es el único responsable de su actitud (efecto llamada de las bebidas baratas junto a billetes de avión tirados de precio es el patrón más habitual en informativos para resumir las causas del virus.

En todo caso ¿porqué se produce esa regresión en valores y responsabilidades fuera del entorno social habitual? ¿Tan fuertes son las ataduras del día a día como para que, una vez rotas, se llegue a tal estado de descontrol? Bueno, no podemos generalizar. No todos los turistas se convierten en Anarcoturistas pues no habría playa que resistiera en pie más de dos veranos. Pero sí es cierto que en cierta coyuntura el individuo pierde precisamente la característica de la individualidad y se difumina en la masa. En “Ensayo sobre la ceguera” de José Saramago una ceguera universal hace que se rompan todos los puentes de civilización posibles y se produzca un dominio por abuso simplemente porque… se puede. El entorno lo favorece y las chanzas, bromas pesadas y gamberradas escatológicas de las despedidas de soltero vienen abrazadas por ese titular: despedida de soltero. Ergo, piensan algunos, barra libre.

El Anarcoturista en muchas ocasiones no tira la primera piedra. Se diluye en el entorno y pierda – con una buena dosis de alcohol en sangre – sus referentes sociales y cívicos más básicos. De igual modo que si nos tratan como a niños – recuerden las excursiones en grupo totalmente planificadas sin derecho a réplica o elección – nos volveremos niños. La educación pero también la actuación en ese entorno perverso y modelador de anarcopersonalidades siempre estarán en el comienzo de la erradicación de esos nocivos comportamientos.