El Umbral

Es un espacio único con sus propias reglas y movimientos. Un sitio por donde necesariamente pasas a lo largo de tu vida con agitación inicial y reposo posterior. Un sitio al que nadie quiere ir pero que ha mejorado con mucho nuestras condiciones como sociedad.

Siempre hay alguien en la puerta fumando; una pareja, un corrillo, tratando de buscar algo de aire libre. Alguien bromea, alguien mira al suelo, alguien al cielo..Da igual que sea una plácida tarde veraniega o una noche de fuerte rigor invernal, siempre estarán guardando la entrada. Quizá incluso llueva para poner el día a tono con el ambiente. Habrá un breve saludo con la cabeza antes de abrir la puerta o – de mediar relación – tal vez un abrazo.

– ¿Cómo estáis? ¿Cómo están ahí dentro?
– Pues imagínate…Pasa y lo verás. Jodidos..
– Venga pues, ahora os vemos. Ánimo.

Y entonces abres la puerta. Alguien debería hacer un estudio de esas puertas de entrada. Más bien una comparativa entre el peso real y el peso advertido, sentido, al abrirla. Seguro que depararía grandes sorpresas. Porque esas puertas a veces semejan los grandes portones de un castillo medieval, o de un templo. Abres con gran esfuerzo el portalón y de forma inmediata una multitud de cabezas se dirige a ti (decenas, centenares…no las cuentas porque tratas de mantener la mirada en un punto y buscar el espacio que te ha traído allí). En el imaginario colectivo alguien ha sacado un informe con tu vida y filiación. Qué haces y con quién. Y lo está repartiendo en carpetas de cartón amarillo entre los asistentes.

Mientras avanzas, constatas que el aire se ha tornado más denso y los movimientos son más lentos y el murmullo más tenue.

– Es el 3. Está en el 3 – Te dicen de pasada.

Y prosigues con tu avance. De nuevo breves movimientos de cabeza, algún estrechón de manos, quizá un abrazo. Apenas hablas, a lo mejor por no romper con el escenario. Y quien te acompaña suele tener su mano en tu espalda, guiándote. La gente se aparta a tu paso y te orienta en su pasillo. Entonces llegas al 3, una fría puerta con el nombre escrito en un lateral. Nunca el nombre y apellidos habían pesado tanto como en ese momento. Se te quedan marcados en la cabeza. Y entras.

– Te acompaño en el sentimiento / Mi más sentido pésame / Lo siento mucho

Y a partir de ahí, ya eres un integrante más del colectivo. Serás uno de los de los sofás, del corrillo de la puerta, de los que busca levantar el ánimo de los más cercanos con un chiste tonto o de los que informan o se ponen al día de las novedades de familiares y conocidos. Quizá hasta te toque en un momento dado lo de repartir las carpetas.

Un tanatorio es un espacio con sus propios ritmos, con reglas claras y definidas. Que puede aprisionar hasta asfixiar en un primer momento pero que evoluciona en tu estado de ánimo hasta convertirse en un pequeño refugio ante la tormenta para ti y los más cercanos.

No hay duda alguna de que la construcción y puesta en marcha de tanatorios en la última década en una provincia como Albacete ha mejorado de forma sustancial nuestras condiciones como sociedad otorgando un último adiós a sus vecinos más sosegado, más cómodo y profesional.

Un viejo alcalde de la provincia con muchas legislaturas a la espalda me dijo hace ya tiempo, “no te engañes. En los pueblos pequeños con poca capacidad de inversión para ganar las elecciones hay que ser impecable en dos momentos durante el año: el día De los Santos en el cementerio, y las fiestas locales”. Un cementerio impoluto y una buena orquesta en las fiestas son, pues, símbolo de una próxima reelección. Una fórmula a la que añadiría un buen tanatorio donde se pueda dar cita todo el pueblo si hace falta para despedir a sus seres queridos.

Un sitio espacioso, bien iluminado, con sofás mullidos, aseos limpios y algún armario para los que pasarán las horas más largas allí. Y no hace falta añadir mucho más. Quizá un aparcamiento cómodo. El secreto del éxito para el nuevo tanatorio local junto con un personal atento y discreto.

Si luego – en las primeras horas de la noche y en las primeras del día – te llega el catering de Funeraria Albacete para aliviar un estómago entre hambriento y sin ganas de comer parece que empiezas a arrancar del letargo. Y ahí sí. La puerta de la entrada pesa ahora mucho menos y el aire comienza a aligerarse.
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