Discursos para funerales

Los discursos para entierros representan una muestra de respeto y son, generalmente, hechos por una persona allegada que haya conocido bien al ausente y que cuente con la confianza de los deudos.

Si te han pedido que contribuyas con este gesto has de pensar que es una ocasión solemne. Por ello, el panegírico fúnebre requiere de ser escrito y meditado con antelación, ya sea para un sepelio laico o uno que cuente con el apoyo de la iglesia.

La oratoria funeraria

Los recuerdos son la materia con la que elaborar este tipo de discursos y los objetivos son rendir respeto y exaltar lo positivo de la vida del fallecido. Sus logros, su visión de la vida, sus cualidades humanas.

Por ello, es posible que necesites recabar algo de información, precisar alguna fecha o algún nombre, o hacer un resumen de los hechos de la vida del difunto. Los familiares y amigos cercanos te pueden ayudar en esta tarea.

A continuación, piensa lo que significó en tu vida el haber conocido a esa persona, qué cosas compartieron y desde cuándo se conocían. Si te han pedido honrar al fallecido es porque representaste algo en su vida. Da valor a ese recuerdo y a esa trayectoria.

Puedes incluir alguna cita inspiradora o alguna anécdota breve que retrate el carácter y virtudes del difunto. Anota todas las ideas que se te vengan a la mente; después podrás organizarlo todo en un texto coherente.

No es conveniente que sea una alocución muy larga ya que la idea es dar una visión general, pero consistente de lo que representó el difunto para la comunidad que lo acompañará hasta la última morada. Además, los familiares, en especial los más cercanos, pueden estar abrumados y no es conveniente sobrecargarlos. Unos minutos serán suficientes.

Por esas razones, una vez recabada la información completa sobre el difunto, hay que hacer un compendio de lo más resaltante. El discurso debe estar por escrito para servir de soporte cuando llegue el momento de pronunciarlo. Sería incómodo olvidar una parte, dudar o quedarte sin palabras.

Muy importante es también dar con el tono adecuado en la oratoria fúnebre. Hacer alguna broma o traer a la memoria un incidente desagradable está fuera de lugar. El tono debe ser serio, reflexivo y en algún momento, solemne. Por ello, es de desear que lo ensayes frente al espejo, para dar con el timbre de voz y la gestualidad adecuados.

Finalmente, ten seguridad en ti mismo: piensa que si te han pedido que hables en nombre de todos es porque confían en ti y eso ya lo llevas ganado. Los discursos para entierros no son complicados de hacer. Si tienes dudas o inquietudes puedes contactarnos para brindarte todo el apoyo necesario.